El Ferrari

Alguna vez alguien me preguntó: ¿Qué es tu Ferrari? Haciendo referencia a aquello que para mi era mi máximo en cuanto a éxito.

Y es que Ferrari siempre ha sido un sinónimo de éxito. Cualquiera que tenga un Ferrari es alguien a quien se le percibe en la cúspide de los logros.

Pero, ¿Qué tan cierto es esto? Y es que en la vida no hay nada que venga gratis. Todo cuesta algo, incluso si te lo regalan, ese regalo típicamente viene con un precio, aunque no sea monetario.

Digamos que alguien te regala el Ferrari, el automóvil. Perfecto, ya tienes el auto, pero… cuando toque cambiarle el aceite, ¿Qué clase de aceite usa ese carro? ¿Dónde se consigue? ¿Cuánto cuesta la mano de obra que sabe hacer eso para no estropear tu auto y donde estan esos talleres?

Y… ¿las llantas? ¿Cada cuándo se cambian y cuánto cuesta?

Esos son los costos y gastos inherentes al Ferrari, y vienen con el. Aunque no cueste igual que otro Ferrari, el precio de tener el Ferrari puede ser muy de alto.

Y eso solo es en dinero, porque si alguien te regala algo tan costoso es probable que al menos cierta fidelidad le tengas que profezar.

Cuándo buscamos el éxito, muchas veces solo queremos el Ferrari, pero no tenemos idea (ni queremos saber) del precio de tener el Ferrari.

Esta miopía de perspectiva nos puede engañar muy fácil y no dejarnos ver más allá. Ver más lejos para tratar de entender que posibles escenarios nos esperan.

En mi profesión he visto a muchos gerentes y directores jóvenes, que fueron seducidos por la foto del Ferrari, y que no se permitieron detenerse un momento a ver que había más allá del rojo brillante de un título.

Al principio fue emocionante, algo nuevo y gratificante. Pero pronto se dieron cuenta del peso de la responsabilidad que venía intrínsecamente con el rol que aceptaron.

Y no, antes de que saques conclusiones déjame decirte que esto no es una apología al estancamiento y la mediocridad o el conformismo.

En realidad todo lo contrario, porque es mi observación que hoy en día mucha gente está cegada por el brillo que ofrece el “éxito”, la “fama”, pero… hay un precio que viene con eso y no siempre es en dinero.

Lo que estoy diciendo es que sigas adelante, y que te esfuerces cada día por realizarte como la mejor versión de ti, pero que lo hagas de manera completa y conciente.

Con pleno entendimiento de que ese Ferrari o ese nuevo puesto, esa nueva audiencia, esa cantidad de seguidores, esa capacidad de influenciar a miles, viene con un precio que muchas veces no se mide en dinero.

Que al momento de aceptar algo, hay una responsabilidad que viene con el paquete, y que ese premio es para ti no porque solo tu puedas hacer las tareas que este puesto requiere, sino porque te seleccionaron por ser la mejor persona para responder.

Y creeme, habrá muchas preguntas. Habrá muchos retos. Y vas a tener que responder en cada ocasión.

¿Y qué pasa si no?

Este juego tiene una forma de hacernos saber cuando ya no estamos jugando, y típicamente no es placentera.

Por eso es importante esa perspectiva desde el principio. Para que decidas con conocimiento de causa o al menos con una idea de ello.

Y que no te dejes deslumbrar por el amarillo brillante de ese Ferrari que te ponen enfrente.

Piensa siempre antes cuál o cuales pueden ser los costos de tus elecciones.

Porque recuerda, no hay nada gratis. Todo es un intercambio de energía que realizamos… en el camino.

Deja un comentario